28.2.11

Esperar nada

Esperar algo. Parodia lastimosa de la muerte.
De lo que pensamos cuando decimos "muerte".

Existe la pasividad y existe la actividad, y ambas pueden emplearse de un modo consciente.
En el contexto de una vida consciente, de un proceso de interacción consciente.
Fuera no tendrían sentido. Ni una ni la otra.

Ese sentimiento de esperar algo. De aguardar a que lo desconocido venga, se imponga, aparezca, nos libere.
Se nos lleve de un momento que nos agota, nos estanca, nos aplasta.

El grito necesario para pedir auxilio no requiere de tanto esfuerzo como la propia iniciativa.
Tomar la responsabilidad de uno mismo y cada una de nuestras cadenas y romperlas. La fuerza requerida para llevar a cabo tal hazaña posee una naturaleza que rara vez precisa de tirones, de mordiscos, de arrebatos. Precisamos nosotros, sin embargo, de gritos, de tirones, de mordiscos, de arrebatos. De convulsionarnos. Y antes de mirar al cielo libres, de llanto. Como recién nacidos, nunca más en un hospital -rodeados de verde y blanco anestesiantes-, sino brillantes. Como recién nacidos, esta vez de verdad, rodeados de agitación, de mundo vibrante. Sin esperar nada, ansiándolo todo. Sin aguardar nada, lográndolo todo. Sin buscar nada, encontrándolo todo. Sin pedir nada, tomándolo todo.

Entre el tejido y entretejido que denominamos "realidad" podemos enredar nuestras manos, entrometernos, mezclarnos.

Cada idioma arraiga y te potencia en un sentido diferente, y no pienses sólo en esos que puedes estudiar de forma homologada.

Algunos estudian incluso el silencio.
Y otros ya juegan con él.

1 comentario:

  1. Las aceitunas negras secadas al natural, en el propio olivo, me dejan la boca y la lengua rasposas, pero sus sabor es agradable.

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